Te voy a decir algo que seguramente ya sabes…
Muchas veces no abandonas porque no puedes.
Abandonas porque tu cabeza te convenció.
No sé si te ha pasado…
(a mi más de una y de dos veces)
Pero hay momentos en los que te dan ganas de dejarlo.
Ese punto en el que todo aprieta.
En el que todo molesta.
En el que abandonar parece lo más fácil del mundo.
Y muchas veces es justo en el momento clave.
Cuando se decide todo.
El cuerpo va justo.
Las piernas pesan.
Y la cabeza empieza a hablar.
Y cuando la cabeza empieza a hablar… cuidado.
Imagínate que vas a tope en esa carrera que llevas meses preparando.
Tu objetivo.
Tu día.
Y de repente aparecen pensamientos tipo:
“Hasta aquí.”
“No puedes más.”
“¿Quién te manda meterte en estos fregados?”
Esos pensamientos que parecen muy razonables…
Pero que casualmente siempre aparecen cuando menos los necesitas.
No es que estés roto.
Es que el cerebro detecta sufrimiento y activa el modo protección.
Te mete cortisol, bloquea la parte lógica y empieza a fabricar excusas como si no hubiera un mañana.
Quiere que pares.
El problema es que muchas veces aún tienes margen.
Y ahí es donde entran tres cosas muy simples que utilizan muchos pros cuando el cuerpo va al límite.
La primera:
Fijar un punto.
Algo en el suelo.
Una farola.
La espalda del de delante.
Clava la mirada tres segundos.
Cuando fijas los ojos, el cerebro se enfoca.
Se centra.
Se ordena.
Es como reiniciar el sistema sin apagar el GPS.
La segunda:
El autohabla.
Pero no vale cualquier cosa.
Háblate por tu nombre rollo:
“[Tu nombre], mantén la cadencia.”
“[Tu nombre], tranquilo.”
“[Tu nombre], ahora no.”
Cuando usas tu nombre, el cerebro procesa el estrés como si fuera algo externo.
Como si tú no fueras el que sufre… sino el que gestiona.
Y eso cambia mucho la película.
Y la tercera, que parece una tontería pero ayuda:
Exhala el doble.
Inhalas en 3 tiempos.
Exhalas en 6.
Alargar la salida de aire activa el nervio vago y le dice al cuerpo que no hay peligro real.
Y si el cuerpo cree que no hay peligro…
La cabeza deja de montarse películas.
O al menos baja el volumen.
Ojo.
No hacen magia.
No convierten un mal día en un récord del mundo.
Pero sí pueden ayudarte a atravesar ese momento en el que empiezan las excusas.
Porque muchas veces no abandonas porque no puedes.
Abandonas porque tu cabeza te convenció antes.
Y eso, querido corredor, se puede entrenar.
Y tú…
¿tienes algún truco cuando la cabeza empieza a montarse películas?
Escríbeme y cuéntamelo en hola@correr.run
Que pases un gran día
Mariano
PD1: Hay días en los que el cuerpo va justo. Y otros en los que la cabeza se pone intensa antes de tiempo. No es lo mismo.
PD2: Si tienes un colega que siempre “revienta” mentalmente antes que físicamente, mándale esto. Igual le viene mejor que otro gel. → https://correr.run/
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