La trampa silenciosa que frena a muchos corredores

Este fin de semana han pasado muchas cosillas en el mundo de correr.

Por un lado, se ha celebrado el Medio Maratón de Valencia, en el que ganaron Yomif Kejelcha y Agnes Ngetich, que lucharon por los récords mundiales pero, al final…

Se quedaron a las puertas.


El récord de Europa lo consiguió el sueco Andreas Almgren, parando el crono en 58:41, algo increíble, ya que por primera vez en la historia un atleta europeo baja la barrera de los 59 minutos.


De los españoles, el primero fue Carlos Mayo, que quedó décimo de la general con un 1h00:46.

Y Carla Gallardo, que también quedó décima en su debut, paró el crono en 1h09. Brutal.


Aparte de la élite, muchos suscriptores estuvieron volando por las calles de Valencia (un saludo Marcos y Josué)

También se celebró la II Carrera del Ictus, una carrera muy importante para dar visibilidad a este accidente cerebrovascular.

Fue un día para estar con toda esa gente que lo ha sufrido y apoyarlos (ayer corrimos por Javi)


Además, un suscriptor, David, quedó segundo y yo, por mi parte, conseguí mi mejor marca personal. (la pena es que no fueron 10k sino 9,37 km  en fin…)


Una cosa que tienen en común estos campeones (sobre todo los profesionales) es el sacrificio y el compromiso personal.


Con esto me refiero a que se comprometen con su objetivo.

Refuerzan su capacidad para superar límites físicos y mentales.


Porque sin un objetivo claro, se pierde dirección.

Y sin dirección, te acabas desviando, perdiendo el enfoque… o incluso tirando la toalla.


Y es que muchas veces tener un objetivo es clave por dos motivos:


Te motiva: te da ese empujón extra cuando faltan ganas.


Le da estructura a tu entrenamiento: organiza las semanas y te ayuda a cumplir lo que te toca cada día.


Además, tener un objetivo implica que tienes una cuenta atrás, y eso cambia tu forma de entrenar.




Ahora bien, no cualquier objetivo vale.

Tiene que ser realista.

Si te pasas de ambicioso, lo más probable es que acabes frustrado, quemado… o lesionado.

No se trata de frenarte, pero sí de conocer tus límites y no fliparte de más.

Porque entrenar con un objetivo es entrenar con dirección.

Y sin dirección, es muy difícil mantener la constancia.


Y sin constancia… ya sabes cómo acaba esto.


Así que, antes de ponerte a sumar kilómetros sin ton ni son… piensa bien qué quieres conseguir.


Ese será el motor de todo lo que viene después.


Y tú, querido corredor…

¿Ya te has marcado objetivos para esta temporada?

Que pases un gran día
Mariano


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