Una de las cosas que nos pasa a los corredores es que…
Nos encanta meter kilómetros.
Sumar más y más.
Nos encanta ver cuántos kilómetros hacemos a la semana.
Incluso vacilar a los colegas con el volumen, con el número de horas que entrenamos.
Nos encantan los números.
Y es que a veces devoras kilómetros, entrenas un montón…
Pero muchas veces no sirve de nada.
Porque caemos en la trampa de la prodctividad.
En la trampa de la máxima eficiencia.
Del rendimiento.
No sé si te ha pasado (a mí unas cuantas veces), pero a ver si te suena…
Sales a rodar “de tranquis”
Te vienes arriba.
Te sientes fuerte, imparable.
Y al final acabas apretando y dándolo todo.
Sudas.
Te cansas.
Y ¿qué pasa?
Que pensamos que hemos entrenado bien.
Que hemos hecho lo que había que hacer.
Pero lo que ocurre es bastante distinto de lo que creemos.
Muchas veces lo único que generamos es fatiga residual.
Una fatiga innecesaria.
No genera adaptación real.
No mejora el rendimiento.
Solo hace que estés más cansado.
Y lo que consigue es hipotecar la frescura de las piernas.
Quitarte fuerza y energía para las sesiones clave.
Esas en las que sí hay que darlo todo.
Cuando rodamos fuerte, cuando vamos rápido cuando no toca, lo que hacemos es “quemar” energía.
Quemar glucógeno inútilmente.
Es cuando nos movemos en esa zona gris del entrenamiento.
Esa zona donde la intensidad es demasiado dura para recuperar bien, pero también demasiado suave para mejorar el umbral.
Para que te hagas una idea:
Los profesionales entrenan alrededor del 80 % del tiempo rodando muy despacio.
Crean una buena base.
Unos cimientos sólidos.
Y luego, sobre eso, construyen marcas y objetivos.
Nosotros, los populares, muchas veces hacemos lo contrario.
Nos venimos arriba.
Y entrenamos en esa zona gris.
Ese ritmo medio constante que no suma y que se come la frescura.
Esa frescura que luego necesitas en los días de series.
En los días importantes.
La clave para mejorar es salir de esa zona gris.
Polarizar el esfuerzo
Crear base corriendo despacio.
Y luego darle alegría en los entrenamientos rápidos.
De esos que quitan la carbonilla de las piernas.
Porque la zona gris, ese término medio constante, es el enemigo del progreso.
Y tú, querido corredor…
¿Caes muchas veces en esa tierra de nadie?
¿En esa zona gris?
Escríbeme y cuéntamelo en hola@correr.run
Que pases un gran día
Mariano
PD1: Acabar cansado no siempre significa haber entrenado bien.
PD2: Si conoces a alguien que siempre “sale suave” y acaba apretando, mándale esto. Igual se da por aludido → https://correr.run/
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